La Siberia habanera
julio 18, 2014
Martin Guevara*
HAVANA TIMES — Nos dieron las llaves del nuevo departamento de Alamar, y
aunque estaba bajo el mismo nombre que la anterior casa en aquel barrio
que ya por 1987 adquiría visos de ciudad, y aunque sus edificios fuesen
de cinco plantas sin ascensor, y los departamentos muy parecidos, la
zona en que se encontraba era sensiblemente diferente a la zona 6 donde
habíamos vivido.
Esa parte del barrio llegó a albergar a cincuenta mil habitantes, no
había tiendas dentro, ni estancos de tabaco, ni alimenticios, ¡no había
un punto expendedor de agua!. La guagua tampoco entraba, solo rodeaba
ese inmenso sub barrio de Alamar, y por supuesto los apagones de luz
eran allí de récord, motivo de asombro interestelar.
Mi edificio estaba justo al principio, por suerte teníamos una cafetería
al lado, donde de vez en cuando había helado y el resto de las veces un
sirope azucarado muy frío, que al bajarse uno de la guagua resultaba una
bendición, y más aún para aquellos vecinos a los que aún les quedaban
minutos de caminata hasta sus casas, desde el mostrador en que dos
empleadas tenían casi todo el día para charlar sobre sus historias de
guaguas llenas y hombres restregones, debido al escaso público comensal
y claro, a la rapidez con que se acababa el helado durante el día.
Y aunque se tratase del principio del barrio, los ejemplares de
mosquitos con que tuve contacto, podían haber sido amaestrados y
adiestrados en las milicias de tropas territoriales de no ser porque en
su excesiva agresividad, no habrían distinguido entre enemigos y lugareños.
La vecindad ocurrente como siempre en Cuba, a ese trozo de Alamar que
nacía en mi casa y se extendía hasta allende los horrores, colindando
con la playa de Bacuranao, a través de la costa y hacia el infinito en
su profundidad, la bautizaron: "la Siberia".
El Che había muerto en Bolivia antes de que se empezara a construir
Alamar, pero él había bautizado la frase "el hombre nuevo". Había ideado
una generación posterior a la del triunfo de la Revolución, que educada
en una sociedad que ofreciera estímulos morales y no materiales, una
sociedad justa, de la cual estuvieran desterrados los valores del
capitalismo, valores individualistas, egoístas, daría lugar a nuevos
valores que el hombre adoptaría en solo una generación.
Pensaba que el recuerdo genético de la ferocidad animal que habita en el
ser humano para sustraer el alimento al prójimo se erradicaría en una
generación, o en dos. Aplicando claro está, una concienzuda
instrumentalización ideológica, una limpieza de vicios antiguos,
capitalistas según decían, a través de la educación.
Este hombre nuevo, compuesto de la arcilla de las nuevas generaciones
llegaría a ser la envidia de los hombres del mundo, regidos por la
rapiña en que han sido engendrados y educados. Estas nuevas generaciones
criadas en la solidaridad, en el internacionalismo proletario, en la
motivación moral para ser mejores trabajadores, también tendrían una
férrea disciplina revolucionaria, y entenderían justo el castigo a
cualquier desvío ideológico, deberían tener un orden, una moral y una
conducta ejemplares.
De esto se lo podía responsabilizar al Che, pero del espanto estético y
funcional de Alamar y su Siberia, doy votos como Guevara, que con toda
seguridad, ni en sus más estrictas y perversas ideas de construcción de
una nueva estética que estuviese privada de apéndices, de artilugios, de
adornos inútiles, a Ernesto se le habría pasado por la cabeza semejante
engendro de la fealdad hecho a la más pulcra perfección.
Sentía que mi tío desde donde sea que estuviese, me decía de vez en
cuando algo más o menos así:
"Martín, esta fue una buena intención no una ocurrencia vacía, sino el
engranaje de una cadena que llevaría a una sociedad que algún día
pudiese suplantar al capitalismo, y a la explotación del hombre por el
hombre, ya no por el medio de la revolución violenta, sino de la
invitación a los obreros y hombres de bien de todo el mundo, con un
modelo que los sedujese mucho más que el del éxito personal, un ejemplo
más de tracción paralela. Pero tú sobrino, hijo de mi hermano siempre
aturdido, el risueño Patatín, no desmayes, ni se te ocurra ser un
vasallo de nadie, y menos aún de mis designios y errores, no son estos
proyectos para ti, aunque sí lo fuesen para tu padre, mantente libre de
la manera que sea, aturdido si quieres, bravo o acobardado, fresco o
perturbado, pero distante de toda esta porquería en que se ha convertido
lo que hice o quise hacer, si quieres pelea contra ello, y si no tienes
ganas de luchar no lo hagas, pero no te doblegues, no te conviertas, no
me aflojes viejo, que ya quedan pocos".
En fin ¿por qué uno iría a tratarse mal a sí mismo?
Source: La Siberia habanera - Havana Times en español -
http://www.havanatimes.org/sp/?p=97444
Cuba need lacks adequate housing for it's people. Over 880,000 (official data 07/2017) houses need extensive repairs or have to be built. Houses could only be "exchanged" until recently. Now they can be sold. Often houses are impounded for "infractions". People that leave the country illegally lose their property rights. This site highlights the plight of Cubans. La vivienda: problema Cubana
Sunday, July 20, 2014
Havana’s Siberia
Havana's Siberia
July 19, 2014
Martin Guevara
HAVANA TIMES — They gave us the keys to our new apartment in Alamar. The
year was 1987. Even though the property title was the same as that of
the other apartment in that sprawling neighborhood, even though it was
located in a five-story tenement (without elevator) like the other
place, the area it was in was significantly different to Zone 6, where
we had lived until that point.
Some fifty thousand people ended up living in that part of the
neighborhood, which had no stores, no tobacco or food stands, not even a
facility where one could get drinking water at. The bus didn't make it
that far either, it merely skirted that immense sub-neighborhood of
Alamar, where power cuts broke records, heaven knows why.
My building was located near the entrance. Luckily, there was a
cafeteria next to it, where they had ice-cream from time to time and,
more often than not, a very cold syrupy substance that was a blessing to
anyone who got off the bus, particularly those people who still had a
long walk to their homes ahead of them. Behind the counter, the clerks
had practically the entire day to chat about the crammed buses and men
who rubbed up against them as there were practically no customers and
the ice-cream ran out very quickly.
Though we were close to the entrance to the neighborhood, there were
mosquitos there one would have thought had been domesticated and trained
in Cuba's territorial troop militias, were it not for the fact that, in
their excessive aggressiveness, they made no distinction between locals
and outsiders.
The people from the neighborhood, as witty as Cubans tend to be,
baptized that strip of Alamar that began at my building and spread
beyond the horrible unknown (bordering with Bucaranao beach, through the
coast and beyond), "Siberia."
Che Guevara had been killed in Bolivia [1967] before Alamar began to be
built in Cuba, but he had coined the term "New Man" before then. He had
pictured a new generation that would follow the triumph of the
revolution, one educated in a society that offered moral (not material)
incentives, a fair society that had uprooted capitalist, individualist
and egotistical values, and that this society would give rise to new
values that mankind would make its own in the span of a single generation.
He thought that the genetic memory of the animal ferocity within human
beings, awakened when it is a question of taking food from others, would
be eradicated in a single generation, two at the most. A concerted
ideological effort, a cleansing of old vices – "capitalist vices", as
they said – through education, would of course be needed for that.
This New Man, molded from the clay of the new generations, would become
the envy of all the world's peoples, governed by the impulse to pillage
they were educated with. The new generations, raised in a world of
solidarity, proletarian internationalism and the moral incentive to
become better workers, would also be characterized by an iron-hard
revolutionary discipline and would conceive of punishment for any
ideological deviation as just – they would, in short, be guided by an
exemplary order, morale and conduct.
One could hold Che Guevara accountable for that, but not for the
aesthetic and functional abomination that Alamar and its "Siberia" are.
I am positive Guevara, not even in his most severe and perverse ideas
about the creation of a new aesthetic devoid of superfluous elements and
useless decorations, ever pictured such a perfect atrocity.
I felt that my uncle, Che Guevara, from wherever he was, was saying
something to me along the lines of:
"Martin, we did this with good intentions. It wasn't merely a
pipe-dream, but part of a mechanism that would take us to a society that
could one day replace capitalism and rid us of the exploitation of man
by man, not through violent revolution, but by drawing men and women
around the world with a model more seductive that the one based on
individual success, another example of parallel traction. But you, my
nephew, son of my eternally confused and well-tempered brother, Patatin,
don't give in or become anyone's servant, much less of my plans and
mistakes. These are not your projects, and if they should be so for your
father, remain free whatever way you can, through confusion, anger or
cowardice, clear-headed or disturbed, keep a distance from the garbage
that what I did or tried to do has become. Fight against it if you want,
and if you don't feel like fighting, don't do it, but don't yield, don't
let them convert you, don't give up, boy, that there are fewer and fewer
of our kind around."
Ultimately, why would anyone willingly mistreat oneself?
Source: Havana's Siberia - Havana Times.org -
http://www.havanatimes.org/?p=104991
July 19, 2014
Martin Guevara
HAVANA TIMES — They gave us the keys to our new apartment in Alamar. The
year was 1987. Even though the property title was the same as that of
the other apartment in that sprawling neighborhood, even though it was
located in a five-story tenement (without elevator) like the other
place, the area it was in was significantly different to Zone 6, where
we had lived until that point.
Some fifty thousand people ended up living in that part of the
neighborhood, which had no stores, no tobacco or food stands, not even a
facility where one could get drinking water at. The bus didn't make it
that far either, it merely skirted that immense sub-neighborhood of
Alamar, where power cuts broke records, heaven knows why.
My building was located near the entrance. Luckily, there was a
cafeteria next to it, where they had ice-cream from time to time and,
more often than not, a very cold syrupy substance that was a blessing to
anyone who got off the bus, particularly those people who still had a
long walk to their homes ahead of them. Behind the counter, the clerks
had practically the entire day to chat about the crammed buses and men
who rubbed up against them as there were practically no customers and
the ice-cream ran out very quickly.
Though we were close to the entrance to the neighborhood, there were
mosquitos there one would have thought had been domesticated and trained
in Cuba's territorial troop militias, were it not for the fact that, in
their excessive aggressiveness, they made no distinction between locals
and outsiders.
The people from the neighborhood, as witty as Cubans tend to be,
baptized that strip of Alamar that began at my building and spread
beyond the horrible unknown (bordering with Bucaranao beach, through the
coast and beyond), "Siberia."
Che Guevara had been killed in Bolivia [1967] before Alamar began to be
built in Cuba, but he had coined the term "New Man" before then. He had
pictured a new generation that would follow the triumph of the
revolution, one educated in a society that offered moral (not material)
incentives, a fair society that had uprooted capitalist, individualist
and egotistical values, and that this society would give rise to new
values that mankind would make its own in the span of a single generation.
He thought that the genetic memory of the animal ferocity within human
beings, awakened when it is a question of taking food from others, would
be eradicated in a single generation, two at the most. A concerted
ideological effort, a cleansing of old vices – "capitalist vices", as
they said – through education, would of course be needed for that.
This New Man, molded from the clay of the new generations, would become
the envy of all the world's peoples, governed by the impulse to pillage
they were educated with. The new generations, raised in a world of
solidarity, proletarian internationalism and the moral incentive to
become better workers, would also be characterized by an iron-hard
revolutionary discipline and would conceive of punishment for any
ideological deviation as just – they would, in short, be guided by an
exemplary order, morale and conduct.
One could hold Che Guevara accountable for that, but not for the
aesthetic and functional abomination that Alamar and its "Siberia" are.
I am positive Guevara, not even in his most severe and perverse ideas
about the creation of a new aesthetic devoid of superfluous elements and
useless decorations, ever pictured such a perfect atrocity.
I felt that my uncle, Che Guevara, from wherever he was, was saying
something to me along the lines of:
"Martin, we did this with good intentions. It wasn't merely a
pipe-dream, but part of a mechanism that would take us to a society that
could one day replace capitalism and rid us of the exploitation of man
by man, not through violent revolution, but by drawing men and women
around the world with a model more seductive that the one based on
individual success, another example of parallel traction. But you, my
nephew, son of my eternally confused and well-tempered brother, Patatin,
don't give in or become anyone's servant, much less of my plans and
mistakes. These are not your projects, and if they should be so for your
father, remain free whatever way you can, through confusion, anger or
cowardice, clear-headed or disturbed, keep a distance from the garbage
that what I did or tried to do has become. Fight against it if you want,
and if you don't feel like fighting, don't do it, but don't yield, don't
let them convert you, don't give up, boy, that there are fewer and fewer
of our kind around."
Ultimately, why would anyone willingly mistreat oneself?
Source: Havana's Siberia - Havana Times.org -
http://www.havanatimes.org/?p=104991
Desolación y ruinas envuelven San Miguel de los Baños
Desolación y ruinas envuelven San Miguel de los Baños
REINALDO ESCOBAR, La Habana | Julio 19, 2014
Una enorme ruina sale al paso entre los matorrales. El edificio de
fachada ecléctica era el hotel del Balneario de San Miguel de los Baños.
Hoy sólo alberga telarañas, ratas, árboles que crecen entre los muros, y
recuerdos, muchos recuerdos. Los más jóvenes ni siquiera saben que en el
país hay un sitio así, donde el agua sanadora brota de la propia tierra.
Bendecido por la naturaleza con abundantes manantiales medicinales, San
Miguel de los Baños pasó, en menos de un siglo, de la prosperidad al
abandono. Algunos vecinos creen que se trata de una maldición y otros le
echan la culpa a la probada ineficiencia del Estado. Los más afirman que
empezó a decaer cuando la villa pasó a ser administrada por el municipio
de Jovellanos que le profesaba –dicen– una envidia incurable al próspero
poblado.
Lo cierto es que aquel majestuoso edificio que deslumbraba a cuanto
viajero lo visitaba y que era centro del complejo arquitectónico y
orgullo de los pobladores, es hoy un inmueble desolado e inhabitable, a
pesar de su utilidad pública, de sus valores culturales y de su historia.
La leyenda cuenta que un esclavo llamado Miguel, escapado de su
dotación, fue quien descubrió los valores curativos de aquellas aguas.
Sin embargo, sólo a finales del siglo XIX se confirmó científicamente
que contenían un 60 % de minerales, entre ellos azufre en estado
coloidal. Los manantiales fueron reconocidos también por sus
características alcalinas y bicarbonatadas, capaces de aliviar ciertos
padecimientos de las vías digestivas y urinarias, además de otros
problemas de salud: anemia, gastralgia, dispepsia, diabetes, urticaria,
clorosis, nefritis e incluso neurastenia.
Un adinerado abogado santiaguero, Manuel Abril Ochoa, llegó a San Miguel
de los Baños en 1906 para comprobar si en aquellos manantiales estaba la
solución a sus problemas digestivos. Todo indica que la encontró porque
tomó la decisión de establecerse allí y construir el lujoso balneario.
Las obras comenzaron en 1912 y para la inauguración, en 1930, estuvo
invitado todo lo que brillaba en la sociedad cubana de la época.
Algunos tejados han desaparecido
Ya nadie puede hoy determinar dónde se encontraba la carpeta, dónde la
batería de baños para hombres, dónde la de mujeres. En qué punto exacto
de estos desvencijados salones se ubicaba el restaurante, dónde el bar,
la cocina, la cafetería; bajo cuál techo, ahora desconchado, estuvo el
almacén de víveres, la cámara fría, el consultorio médico, los
laboratorios y cuáles de estos muros quebrados separaban las 44
habitaciones, las terrazas amuebladas con cómodos sillones y las áreas
deportivas.
En su infinita buena fe, o ingenuidad, el doctor Abril dispuso que tras
su muerte las instalaciones fueran cedidas al Ministerio de Industrias,
que en enero de 1962 estaba bajo el mandato de Che Guevara. Éste se
interesó tanto, quizás por el asma que lo acompañó hasta sus últimos
días, que mandó a construir otro hotel cerca del lugar, llamado
Villaverde. Pero de esta instalación no queda ni el recuerdo.
El Balneario de San Miguel de los Baños tuvo su época dorada en los
setenta. Cubanos de todas las provincias acudían en peregrinación
esgrimiendo sus recetas médicas debidamente acuñadas. Allí se gestó una
de las primeras iniciativas de lo que hoy se ha dado en llamar Turismo
de Salud.
Pero lejos de sus aguas curadoras cayó el muro de Berlín. El socialismo
real de Europa del Este naufragó arrastrando a la Isla hacia un agujero
negro que eufemísticamente los dirigentes de nuestro socialismo tropical
denominaron Período Especial en Tiempos de Paz.
Ajenos a los sismos políticos, los manantiales siguieron brotando con
generosidad, pero los burócratas locales en su habitual oportunismo se
encargaron de desbaratar las instalaciones del balneario. Las utilizaron
primero para albergar a damnificados de huracanes, luego como oficina
del sector gastronómico y, finalmente, para realizar las fiestas
conmemorativas por la creación de los Comités de Defensa de la
Revolución (CDR).
Saquearon todo: las tazas de los inodoros, las baldosas de mármol de las
escaleras, las puertas y los marcos de maderas preciosas...
Saquearon todo: las tazas de los inodoros, las baldosas de mármol de las
escaleras, las puertas y los marcos de maderas preciosas, las camas con
sus colchones, los sillones y sofás, las sillas y mesas del comedor, los
fogones de la cocina, los grifos y lavamanos, los azulejos. Sólo se
salvaron algunas pesadas bañaderas de hierro esmaltado empotradas en el
piso. Nadie sabe a ciencia cierta a dónde fueron a parar todos aquellos
despojos del palacio.
Hoy sólo quedan los muros con sus aceros interiores reventados por el
óxido, refugio de
murciélagos y también urinario público. Detrás del edificio se mantienen
abiertas las pocetas a donde aún bajan, sorteando los escollos de los
enyerbados escalones, quienes quieren curarse de alguna dolencia.
En otro recinto sobrevive un abrevadero. Despojado de todo ornamento un
burdo tubo metálico sobresale de la pared. Debajo, una especie de
tragante borbotea de vez en cuando, como si se tratara de un latido.
El taxista particular que me saca de San Miguel de los Baños me cuenta
otros horrores que sufrió el resto de las instalaciones hoteleras de la
otrora próspera villa. Pero habla también de sus esperanzas desde que,
hace una año, el Ministerio del Interior ha tomado el control de los
manantiales con el proyecto de hacer allí un sanatorio. Me traslada el
rumor de que Eusebio Leal, sanador de La Habana Vieja, está tomando
cartas en el asunto y que "con esto de la nueva ley de inversiones
extranjeras" quizás quieran poner allí –donde ahora hay unidades
militares– un campo de golf.
No todo está perdido: los depredadores no han podido con las entrañas de
la tierra ni con las inocentes ilusiones de la gente sencilla.
Source: Desolación y ruinas envuelven San Miguel de los Baños -
http://www.14ymedio.com/nacional/San_Miguel_de_los_Banos-balneario_0_1598840111.html
REINALDO ESCOBAR, La Habana | Julio 19, 2014
Una enorme ruina sale al paso entre los matorrales. El edificio de
fachada ecléctica era el hotel del Balneario de San Miguel de los Baños.
Hoy sólo alberga telarañas, ratas, árboles que crecen entre los muros, y
recuerdos, muchos recuerdos. Los más jóvenes ni siquiera saben que en el
país hay un sitio así, donde el agua sanadora brota de la propia tierra.
Bendecido por la naturaleza con abundantes manantiales medicinales, San
Miguel de los Baños pasó, en menos de un siglo, de la prosperidad al
abandono. Algunos vecinos creen que se trata de una maldición y otros le
echan la culpa a la probada ineficiencia del Estado. Los más afirman que
empezó a decaer cuando la villa pasó a ser administrada por el municipio
de Jovellanos que le profesaba –dicen– una envidia incurable al próspero
poblado.
Lo cierto es que aquel majestuoso edificio que deslumbraba a cuanto
viajero lo visitaba y que era centro del complejo arquitectónico y
orgullo de los pobladores, es hoy un inmueble desolado e inhabitable, a
pesar de su utilidad pública, de sus valores culturales y de su historia.
La leyenda cuenta que un esclavo llamado Miguel, escapado de su
dotación, fue quien descubrió los valores curativos de aquellas aguas.
Sin embargo, sólo a finales del siglo XIX se confirmó científicamente
que contenían un 60 % de minerales, entre ellos azufre en estado
coloidal. Los manantiales fueron reconocidos también por sus
características alcalinas y bicarbonatadas, capaces de aliviar ciertos
padecimientos de las vías digestivas y urinarias, además de otros
problemas de salud: anemia, gastralgia, dispepsia, diabetes, urticaria,
clorosis, nefritis e incluso neurastenia.
Un adinerado abogado santiaguero, Manuel Abril Ochoa, llegó a San Miguel
de los Baños en 1906 para comprobar si en aquellos manantiales estaba la
solución a sus problemas digestivos. Todo indica que la encontró porque
tomó la decisión de establecerse allí y construir el lujoso balneario.
Las obras comenzaron en 1912 y para la inauguración, en 1930, estuvo
invitado todo lo que brillaba en la sociedad cubana de la época.
Algunos tejados han desaparecido
Ya nadie puede hoy determinar dónde se encontraba la carpeta, dónde la
batería de baños para hombres, dónde la de mujeres. En qué punto exacto
de estos desvencijados salones se ubicaba el restaurante, dónde el bar,
la cocina, la cafetería; bajo cuál techo, ahora desconchado, estuvo el
almacén de víveres, la cámara fría, el consultorio médico, los
laboratorios y cuáles de estos muros quebrados separaban las 44
habitaciones, las terrazas amuebladas con cómodos sillones y las áreas
deportivas.
En su infinita buena fe, o ingenuidad, el doctor Abril dispuso que tras
su muerte las instalaciones fueran cedidas al Ministerio de Industrias,
que en enero de 1962 estaba bajo el mandato de Che Guevara. Éste se
interesó tanto, quizás por el asma que lo acompañó hasta sus últimos
días, que mandó a construir otro hotel cerca del lugar, llamado
Villaverde. Pero de esta instalación no queda ni el recuerdo.
El Balneario de San Miguel de los Baños tuvo su época dorada en los
setenta. Cubanos de todas las provincias acudían en peregrinación
esgrimiendo sus recetas médicas debidamente acuñadas. Allí se gestó una
de las primeras iniciativas de lo que hoy se ha dado en llamar Turismo
de Salud.
Pero lejos de sus aguas curadoras cayó el muro de Berlín. El socialismo
real de Europa del Este naufragó arrastrando a la Isla hacia un agujero
negro que eufemísticamente los dirigentes de nuestro socialismo tropical
denominaron Período Especial en Tiempos de Paz.
Ajenos a los sismos políticos, los manantiales siguieron brotando con
generosidad, pero los burócratas locales en su habitual oportunismo se
encargaron de desbaratar las instalaciones del balneario. Las utilizaron
primero para albergar a damnificados de huracanes, luego como oficina
del sector gastronómico y, finalmente, para realizar las fiestas
conmemorativas por la creación de los Comités de Defensa de la
Revolución (CDR).
Saquearon todo: las tazas de los inodoros, las baldosas de mármol de las
escaleras, las puertas y los marcos de maderas preciosas...
Saquearon todo: las tazas de los inodoros, las baldosas de mármol de las
escaleras, las puertas y los marcos de maderas preciosas, las camas con
sus colchones, los sillones y sofás, las sillas y mesas del comedor, los
fogones de la cocina, los grifos y lavamanos, los azulejos. Sólo se
salvaron algunas pesadas bañaderas de hierro esmaltado empotradas en el
piso. Nadie sabe a ciencia cierta a dónde fueron a parar todos aquellos
despojos del palacio.
Hoy sólo quedan los muros con sus aceros interiores reventados por el
óxido, refugio de
murciélagos y también urinario público. Detrás del edificio se mantienen
abiertas las pocetas a donde aún bajan, sorteando los escollos de los
enyerbados escalones, quienes quieren curarse de alguna dolencia.
En otro recinto sobrevive un abrevadero. Despojado de todo ornamento un
burdo tubo metálico sobresale de la pared. Debajo, una especie de
tragante borbotea de vez en cuando, como si se tratara de un latido.
El taxista particular que me saca de San Miguel de los Baños me cuenta
otros horrores que sufrió el resto de las instalaciones hoteleras de la
otrora próspera villa. Pero habla también de sus esperanzas desde que,
hace una año, el Ministerio del Interior ha tomado el control de los
manantiales con el proyecto de hacer allí un sanatorio. Me traslada el
rumor de que Eusebio Leal, sanador de La Habana Vieja, está tomando
cartas en el asunto y que "con esto de la nueva ley de inversiones
extranjeras" quizás quieran poner allí –donde ahora hay unidades
militares– un campo de golf.
No todo está perdido: los depredadores no han podido con las entrañas de
la tierra ni con las inocentes ilusiones de la gente sencilla.
Source: Desolación y ruinas envuelven San Miguel de los Baños -
http://www.14ymedio.com/nacional/San_Miguel_de_los_Banos-balneario_0_1598840111.html
Wednesday, July 16, 2014
La vida colgando de un hilito
La vida colgando de un hilito
[16-07-2014 09:57:13]
Billy Joel Landa Linares
Red Cubana de Comunicadores Comunitarios
www.miscelaneasdecuba.net).- Varios meses han pasado desde el derrumbe del techo de la edificación sita en Belascoaín entre Virtudes y Concordia, en el municipio Centro Habana, donde siguen viviendo familias, a pesar de las pésimas condiciones que tiene lo que queda de la construcción. En los bajos hay un establecimiento estatal, que vende -de forma liberada- productos cárnicos como bistec de cerdo y grasa animal, entre otros.
Varios vecinos se quejan por la situación de peligro que representa el estado constructivo en que se encuentra lo que ha quedado allí. No ha habido una respuesta por parte del gobierno municipal y se mantiene la preocupación de lo que pueda pasar en un futuro, donde están en riesgo vidas humanas.
Source: La vida colgando de un hilito - Misceláneas de Cuba - http://www.miscelaneasdecuba.net/web/Article/Index/53c630593a682e107076b741#.U8ZZtPmSwx4
[16-07-2014 09:57:13]
Billy Joel Landa Linares
Red Cubana de Comunicadores Comunitarios
www.miscelaneasdecuba.net).- Varios meses han pasado desde el derrumbe del techo de la edificación sita en Belascoaín entre Virtudes y Concordia, en el municipio Centro Habana, donde siguen viviendo familias, a pesar de las pésimas condiciones que tiene lo que queda de la construcción. En los bajos hay un establecimiento estatal, que vende -de forma liberada- productos cárnicos como bistec de cerdo y grasa animal, entre otros.
Varios vecinos se quejan por la situación de peligro que representa el estado constructivo en que se encuentra lo que ha quedado allí. No ha habido una respuesta por parte del gobierno municipal y se mantiene la preocupación de lo que pueda pasar en un futuro, donde están en riesgo vidas humanas.
Source: La vida colgando de un hilito - Misceláneas de Cuba - http://www.miscelaneasdecuba.net/web/Article/Index/53c630593a682e107076b741#.U8ZZtPmSwx4
Limosnera acompañada
Limosnera acompañada
[16-07-2014 10:14:11]
Miladys Carnel González
(www.miscelaneasdecuba.net).- En la conocida y transitada calle Obispo, esquina a Cuba, en el municipio Habana Vieja, se sienta todos los días -en un muro de la acera- para pedir limosna, Ana Lidia HENRY González, de 47 años de edad, que es débil visual y se hace acompañar en estos momentos de receso escolar, de sus dos pequeños hijos, Leandro y Lázaro Michel de 8 y 10 años de edad respectivamente.
Ella vive en la calle Campanario #1076 entre Carmen y Rastros, en el colindante municipio de Centro Habana. Según explica tiene que pedir limosna para poder alimentarse y mantener a sus dos hijos menores, por falta de recursos. Lázaro Michel que es el mayor está en una escuela especial, porque tiene trastornos sicológicos.
Ana Lidia nunca ha trabajado por su condición de impedida visual, ella perdió la visión por un aumento de la presión ocular en ambos ojos. No tiene chequera y vive en condiciones infrahumanas, hay que destacar que no tiene –ni siquiera- una cocina para poder hacer los alimentos de la familia.
La casa en que viven está apuntalada y los techos se encuentran en peligro de derrumbe, recientemente, Ana Lidia sufrió un accidente en su vivienda, al caerle un pedazo de techo en la cabeza y tuvo un trauma craneal, por lo que hubo que intervenirla quirúrgicamente y se le puso una base de platino en el cráneo.
La Dirección de Vivienda de su localidad, no le ha dado solución a su problema; tampoco tiene la asistencia social necesaria, por lo que alega que mientras permanezca en estas condiciones seguirá en la calle Obispo con sus dos infantes pidiendo limosna, a pesar de los maltratos que con ella tiene la policía, Ana Lidia se declara una persona revolucionaria.
Source: Limosnera acompañada - Misceláneas de Cuba - http://www.miscelaneasdecuba.net/web/Article/Index/53c634533a682e107076b742#.U8ZZsvmSwx4
[16-07-2014 10:14:11]
Miladys Carnel González
(www.miscelaneasdecuba.net).- En la conocida y transitada calle Obispo, esquina a Cuba, en el municipio Habana Vieja, se sienta todos los días -en un muro de la acera- para pedir limosna, Ana Lidia HENRY González, de 47 años de edad, que es débil visual y se hace acompañar en estos momentos de receso escolar, de sus dos pequeños hijos, Leandro y Lázaro Michel de 8 y 10 años de edad respectivamente.
Ella vive en la calle Campanario #1076 entre Carmen y Rastros, en el colindante municipio de Centro Habana. Según explica tiene que pedir limosna para poder alimentarse y mantener a sus dos hijos menores, por falta de recursos. Lázaro Michel que es el mayor está en una escuela especial, porque tiene trastornos sicológicos.
Ana Lidia nunca ha trabajado por su condición de impedida visual, ella perdió la visión por un aumento de la presión ocular en ambos ojos. No tiene chequera y vive en condiciones infrahumanas, hay que destacar que no tiene –ni siquiera- una cocina para poder hacer los alimentos de la familia.
La casa en que viven está apuntalada y los techos se encuentran en peligro de derrumbe, recientemente, Ana Lidia sufrió un accidente en su vivienda, al caerle un pedazo de techo en la cabeza y tuvo un trauma craneal, por lo que hubo que intervenirla quirúrgicamente y se le puso una base de platino en el cráneo.
La Dirección de Vivienda de su localidad, no le ha dado solución a su problema; tampoco tiene la asistencia social necesaria, por lo que alega que mientras permanezca en estas condiciones seguirá en la calle Obispo con sus dos infantes pidiendo limosna, a pesar de los maltratos que con ella tiene la policía, Ana Lidia se declara una persona revolucionaria.
Source: Limosnera acompañada - Misceláneas de Cuba - http://www.miscelaneasdecuba.net/web/Article/Index/53c634533a682e107076b742#.U8ZZsvmSwx4
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