Sunday, September 7, 2014

La calzada de las ruinas

La calzada de las ruinas
FERNANDO DÁMASO | La Habana | 7 Sep 2014 - 8:44 am.

Una vez señorial y hasta industrial, la Calzada del Cerro no es ya ni la
sombra de lo que fue.

El Cerro se formó, a partir del siglo XIX, con las casas fabricadas por
los habitantes más acomodados de la ciudad, en forma de mansiones,
residencias y casas quintas con jardines y patios arbolados, donde
pasaban los meses de mayor calor o las habitaban todo el año,
trasladándose a La Habana únicamente para sus ocupaciones y negocios.

En realidad constituía un barrio extramuros, separado por espacios
despoblados. Fueron famosas en su tiempo las casas quintas de los condes
de Fernandina, Santovenia, Peñalver, Lombillo y Villanueva, la del
marqués de Esteban, la de Leopoldo González Carvajal —marqués de Pinar
del Río— y la de doña Leonor Herrera. Por lo general eran casas
elegantes y construidas con calidad, casi todas de una sola planta.

Con el tiempo el Cerro fue decayó, debido principalmente a la
insalubridad de la Zanja Real, que constituía un foco contaminante.
Muchas familias pudientes se trasladaron hacia el nuevo barrio del Vedado.

El Cerro pasó entonces a ser un barrio ocupado por comerciantes, hombres
de negocio y diplomáticos, encontrándose en el mismo las residencias de
los cónsules alemán, inglés y ruso y, ya en el siglo XX, la embajada de
Estados Unidos en la antigua quinta de Echarte, en la manzana
comprendida entre las calles Falgueras, Domínguez, Santa Catalina y San
Pedro, a unos cien metros de la calzada, inmueble del que hoy sólo
quedan las ruinas.

Posteriormente, las principales edificaciones fueron transformadas en
comercios, empresas industriales, colegios y casas de salud. El Cerro,
en sus momentos de esplendor, llegó a atesorar el conjunto de
arquitectura del neoclásico colonial más importante del país.

Para adentrarnos en la Calzada del Cerro, hay que comenzar por el
llamado Camino de Guadalupe, que salía del extremo de la calle de la
Muralla, después de la Puerta de Tierra, al cual se le denominó así
porque pasaba junto a la primitiva ermita de Nuestra Señora de
Guadalupe, que ocupaba la actual esquina de Monte y Águila.

Posteriormente, este primer tramo hasta el Puente de Chávez, que se
encontraba a la altura del matadero, recibió el nombre de Calzada de
Monte; el segundo, desde este lugar hasta el barrio del Pilar, que
entonces se llamaba del Horcón, Calzada del Horcón; el tercero, desde
este lugar hasta el Puente de Cotilla, que se encontraba entre la
Calzada de Palatino y la calle Zaragoza, Calzada del Cerro. El cuarto
tramo, que es una continuación de la Calzada del Cerro, se denominó
Calzada de Puentes Grandes. Las cuatro calzadas, después reducidas a
tres, poseen una única numeración continua en sus edificaciones. En
resumen, la Calzada del Cerro se extiende desde la Esquina de Tejas
hasta la Avenida de Rancho Boyeros o de la Independencia, como también
se conoce.

En la Esquina de Tejas se hallaba la quinta del conde de Villanueva, ya
inexistente, con el número 1217 la del marqués de San Miguel de Bejucal,
hoy en estado ruinoso, y con el número 1220 la quinta San José, que aún
se mantiene en pie, aunque maltratada. Con el número 1257, aparece la
que fuera lujosa residencia de los condes de Fernandina, construida en
1819 y después ampliada, quienes la perdieron por problemas económicos,
más tarde utilizada como centro de salud y hoy sede de la Asamblea
Municipal del Poder Popular. El inmueble se encuentra en avanzado estado
de deterioro, con apuntalamientos en muchas de sus áreas, en una muestra
palpable de la desidia estatal: si así se trata por las autoridades que
la ocupan esta casa de valor histórico y patrimonial, qué se puede
esperar para las restantes.

En su entorno, la mayoría de las edificaciones se encuentran en igual o
peor situación. Avanzando un poco, aparece la quinta del marqués de la
Gratitud, también en estado deplorable, y el local, tapiadas sus puertas
y ventanas con bloques y repello, de la que fuera la clínica La Bondad,
con el número 1263.

Un poco más adelante, con los números 1357-1359, la residencia de
Leopoldo González Carvajal —marqués de Pinar del Río—, con sus dos
leones de mármol blanco. En el número 1424, la quinta de los condes de
Santovenia, la más elegante y lujosa residencia de su tiempo —donde se
hospedaron el archiduque Alejo, hijo de Alejandro II, zar de Rusia, y
también dos príncipes de la Casa de Orleáns, que luego serían reyes de
Francia con los nombres de Luis Felipe y Carlos X—, desde hace años, por
suerte, convertida en un asilo para ancianos atendido por las Hermanas
de la Caridad, del cual forma parte también la residencia de Leopoldo
González Carvajal.

Unos metros antes de llegar a ella, en aceras opuestas, la vieja casona
convertida hace muchos años en la fábrica del ron Bocoy, con sus
balaustradas de bronce en forma de cuellos de cisnes pintadas ahora de
esmalte blanco, y la instalación que fuera la fábrica del famoso calzado
Bulnes.

Después, lo que queda de los magníficos pabellones de la conocida Quinta
Covadonga, actualmente denominada Hospital Docente Clínico Quirúrgico
"Salvador Allende", que fuera la casa de salud del antiguo Centro
Asturiano, ubicada en la quinta que perteneciera a doña Leonor Herrera.
Por el área de terreno donde se asentaba, era considerado el mayor
centro de salud de Cuba, sólo superado por el Hospital General Calixto
García.

Otras ruinas: la quinta del conde de Lombillo, donde residió después
José de Armas y Cárdenas, más conocido como Justo de Lara, seudónimo con
el que firmaba sus trabajos; el antiguo Centro Benéfico Jurídico de
Trabajadores de Cuba en la esquina de la calle Lombillo; la iglesia de
San Salvador del Mundo, más conocida como del Corazón de María; una
antigua casa con el número 1854, de amplio portal y balaustrada, que se
caracteriza por elevarse más allá del nivel de la calle con dos
escaleras piramidales de acceso que parten desde la acera; los locales
de los cines Maravillas y Edison, ambos en la actualidad cerrados y en
estado de abandono.

En la esquina de la calle Zaragoza, lo que queda del edificio con la
doble hilera de columnas más numerosa de la calzada, algunos precarios
comercios, tanto estatales como particulares, y aún más decadencia.

A continuación, con el número 2202, la magnífica edificación que fuera
residencia de José Melgares desde 1858; después, desde 1890, alquilada
por los condes de Fernandina, donde en 1893 fue recibida la infanta
Eulalia de Borbón, hermana del rey Alfonso XII de España, y su esposo el
infante Antonio de Orleáns; a partir de 1914 en poder de los marqueses
de la Real Campiña y adquirida en 1924 por la Asociación de Católicas
Cubanas para instalar un hospital, conocido entonces como las Católicas
del Cerro, hoy denominado Hospital Pediátrico del Cerro.

A continuación, algunas escuelas, la intersección con la calle
Primelles, donde existió un importante bodegón español, y la Avenida de
Rancho Boyeros o de la Independencia, donde termina la Calzada del Cerro.

Las autoridades, por un lado, haciendo demoliciones, adaptaciones y
remodelaciones arbitrarias, sin ningún respeto a las edificaciones ni a
sus diseños originales, y la población por otro, con necesidades de
viviendas irresueltas y acumuladas durante años, ejecutando por su
cuenta modificaciones y agregados, han creado, según algunos importantes
urbanistas, una especie de "ar-kitch-tectura", que hoy es notable a todo
lo largo de la Calzada y en sus inmediaciones, conviviendo con las
numerosas ruinas y los inmuebles en peligro de derrumbe, dándole un
aspecto anárquico, con formas, materiales y colores faltos de estética y
agresivos a la vista.

En este proceso, muchas residencias se han convertido en ciudadelas,
habitadas por decenas de familias en condiciones precarias. Una pérdida
sensible ha sido la continuidad de los portales, que permitía transitar
por ellos con seguridad, debido a la estrechez de la mayoría de las
aceras, además de proteger del sol y de la lluvia. Hoy es imposible,
obstaculizados como están por rejas, muros y otras instalaciones que
impiden el paso, en un desmedido individualismo ciudadano, donde cada
quien se ha hecho dueño de un espacio, aunque sea de un metro cuadrado,
y lo defiende con saña.

La Calzada del Cerro, que una vez fue señorial y hasta industrial, ya no
es ni lo uno ni lo otro.

Se ha convertido en un triste muestrario de ruinas y de edificaciones a
punto de colapsar, peligrosas para quien transite ante ellas a pie o en
vehículo. Sus calles aledañas, que también poseían importantes
residencias señoriales de valor patrimonial, se encuentran aún en peor
situación. Huérfana de planes de rescate, su terrible destino parece
estar ya sellado.

Source: La calzada de las ruinas | Diario de Cuba -
http://www.diariodecuba.com/cuba/1410071496_10290.html

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