Central Havana: A Municipality in Danger of Extinction / Miriam Celaya
Posted on September 20, 2013
It's no secret to anyone that the Cuban capital is falling to pieces.
It's enough to walk around any part of the city to observe the death
throes of an urban landscape that is becoming blurred, its buildings
disappearing under the combined pressure of time and neglect. No
municipality escapes the decline. There are ruins or pre-ruins from the
ancient Old Havana — despite enjoying the partial benefits derived from
its patrimonial grace and the museum-tourist interest efforts of the
City Historian — to the once aristocratic Miramar, of course, saving the
marked differences between both areas.
Nevertheless, we can affirm that Central Havana is the municipality
displaying the worst state of the buildings. Perhaps because it is the
smallest on the whole Island, the most densely populated, the one with
the most ancient buildings contained within its small geography and,
fatally, the one of least interest to official purposes.
In Central Havana, in addition, a multitude of multifamily buildings
from the first half of the 20th century crowd together, old rooming
houses and guest houses in precarious condition and almost completely
unmaintained, and old shops, worm-eaten theaters and other rundown spaces.
A commercial area during the Republican period, the accelerated
deterioration of old businesses and fleabag hotels, many of them closed
and propped up, adds a grim note to an urban node that seems marked by
misfortune: Central Havana, crowded with inhabitants, right now seems a
municipality condemned to disappear.
It's enough to walk down any of its crowded streets to feel surrounded
by this kind of agony of crumbling bricks, peeling plaster, broken
sewers, an environment of filth, overflowing trash bins, unpainted
buildings, debris, the intense odor of accumulated poverty, at times
ill-concealed by the efforts of this or that stubborn resident, who
tries to maintain the little piece that he or she miraculously and
precariously inhabits safe from the extinction that is upon us.
Only a miracle could save Central Havana, but where would it come from?
Perhaps from God? From the government-executioner itself? From its
wretched people? There are ever more buildings that succumb and fall to
the ground, usually taking with them the life of some stubborn resident
who refused to give up his home. Ever more vacant spaces are opening in
its neighborhoods and in the hopes of its inhabitants.
It's true that all of Cuba is dying and succumbing to despair, but today
I want to dedicate this complaint, almost a requiem, to the municipality
where I live. Allow me to show my readers, in just a few photographs by
me and my friends Orlando Luis Pardo and Dimas Castellanos, some images
of the landscape that greets my eyes every day and that says much more
than any of my words. Take them as an insignificant sample of the
immense destruction achieved by more than 50 years of government
abandonment and contempt. Here they are.
Source: "Central Havana: A Municipality in Danger of Extinction / Miriam
Celaya | Translating Cuba" -
http://translatingcuba.com/central-havana-a-municipality-in-danger-of-extinction-miriam-celaya/
Cuba need lacks adequate housing for it's people. Over 880,000 (official data 07/2017) houses need extensive repairs or have to be built. Houses could only be "exchanged" until recently. Now they can be sold. Often houses are impounded for "infractions". People that leave the country illegally lose their property rights. This site highlights the plight of Cubans. La vivienda: problema Cubana
Saturday, September 21, 2013
Carteles no son la solución
Carteles no son la solución
[20-09-2013]
Miladys Carnel González
(www.miscelaneasdecuba.net).- La Calzada de Diez de Octubre, antigua
Jesús del Monte, nombrada así por la Iglesia que allí se construyó,
auxiliar de la Parroquia Mayor de la Habana y que conformaba parte de la
apariencia de la localidad, es una muestra significativa de cómo la
capital se ha ido desplomando con el pasar de los años.
A ambos lados de esta calle, comenzó a gestarse una gran actividad
económica; así como asentamientos de pobladores de esta región. Aquí
había construcciones de estilo único con el uso de bóvedas y columnas de
diferentes tipologías constructivas y estructurales.
De la simbólica Calzada Jesús del Monte no queda ni tan siquiera el
nombre con el que fue bautizada, ella es una de las avenidas más
transitada en la actualidad en La Habana con función de enlazar barrios
como La Palma, Luyanó, Víbora, Santos Suárez, etc.
Los que usan diariamente esta calzada para transitar, ya sea caminando o
en un vehículo motor, le es fácil observar el deterioro y el eminente
peligro que presentan las diferentes edificaciones a lo largo de la misma.
Las casas coloniales y edificios que se levantan hace más de dos siglos,
algunas ya agotadas por el tiempo, maltratadas por el clima de nuestro
país, fueron concebidos por arquitectos e ingenieros de la época,
teniendo en cuenta todas estas condiciones y les dieron una vida útil,
más corta que los años que hoy en día estas estructuras han cumplido,
unido a ello la falta de mantenimiento.
Es fácil entender por qué la mayoría de las casas se encuentran en
estado crítico, casi inhabitables; corren siempre las noticias y los
comentarios de barrio, de los derrumbes ocurridos desde Santa Catalina a
Pocitos. La agencia de pasajes, algunas tiendas, pequeños centros
gastronómicos que aquí se encuentran se han desplomado; así como la
cubierta de viviendas a ambos lados de la calzada.
Estar transitando por allí es un peligro potencial, aunque se encuentran
paradas de ómnibus como las rutas P6, P8 y P9. Se hace difícil circular
por los portales y no sentir el temor de que colapsen y vengan hacia
abajo, pero diferente a lo que sucede en las calles de Centro Habana, no
se puede caminar por la calle debido al intenso tráfico, de todo tipo de
vehículos, por lo que no hay más opción que exponerse al peligro, y
arriesgar la vida al transitar cerca de estos edificios.
La solución de la oficina de Planificación Física del mismo municipio,
fue colocar unos carteles alertando: "Peligro Aleros" pero esto no
resuelve el problema, esperar que se derrumbe cualquier construcción es
condenar a las personas a morir bajo escombros. Los carteles de alerta
no son la solución.
Estas antiguas viviendas sin mantenimiento y con muy mal aspecto, hacen
parecer una ciudad en ruinas y al régimen cubano poco le importa esta
situación. Los salario tan bajos que tienen los trabajadores cubanos,
apenas les permiten sostener a sus familias y menos reparar sus moradas.
Será bien difícil recuperar y devolver a la Calzada de 10 de Octubre su
belleza y seguridad, mientras que el grupúsculo de dirigentes vive con
sus familias en lujosas mansiones y barrios residenciales.
Al pueblo solo le queda unirse y hacer más fuerte la idea de que es
necesario un cambio, exigir nuestros derechos y pedir que se haga
justicia. Cuba somos todos, los de aquí y los de fuera, merecemos algo
mejor que la existencia tan difícil que nos han obligado a tener por más
de 50 años.
Source: "Carteles no son la solución - Misceláneas de Cuba" -
http://www.miscelaneasdecuba.net/web/Article/Index/523c4de03a682e160c301bee
[20-09-2013]
Miladys Carnel González
(www.miscelaneasdecuba.net).- La Calzada de Diez de Octubre, antigua
Jesús del Monte, nombrada así por la Iglesia que allí se construyó,
auxiliar de la Parroquia Mayor de la Habana y que conformaba parte de la
apariencia de la localidad, es una muestra significativa de cómo la
capital se ha ido desplomando con el pasar de los años.
A ambos lados de esta calle, comenzó a gestarse una gran actividad
económica; así como asentamientos de pobladores de esta región. Aquí
había construcciones de estilo único con el uso de bóvedas y columnas de
diferentes tipologías constructivas y estructurales.
De la simbólica Calzada Jesús del Monte no queda ni tan siquiera el
nombre con el que fue bautizada, ella es una de las avenidas más
transitada en la actualidad en La Habana con función de enlazar barrios
como La Palma, Luyanó, Víbora, Santos Suárez, etc.
Los que usan diariamente esta calzada para transitar, ya sea caminando o
en un vehículo motor, le es fácil observar el deterioro y el eminente
peligro que presentan las diferentes edificaciones a lo largo de la misma.
Las casas coloniales y edificios que se levantan hace más de dos siglos,
algunas ya agotadas por el tiempo, maltratadas por el clima de nuestro
país, fueron concebidos por arquitectos e ingenieros de la época,
teniendo en cuenta todas estas condiciones y les dieron una vida útil,
más corta que los años que hoy en día estas estructuras han cumplido,
unido a ello la falta de mantenimiento.
Es fácil entender por qué la mayoría de las casas se encuentran en
estado crítico, casi inhabitables; corren siempre las noticias y los
comentarios de barrio, de los derrumbes ocurridos desde Santa Catalina a
Pocitos. La agencia de pasajes, algunas tiendas, pequeños centros
gastronómicos que aquí se encuentran se han desplomado; así como la
cubierta de viviendas a ambos lados de la calzada.
Estar transitando por allí es un peligro potencial, aunque se encuentran
paradas de ómnibus como las rutas P6, P8 y P9. Se hace difícil circular
por los portales y no sentir el temor de que colapsen y vengan hacia
abajo, pero diferente a lo que sucede en las calles de Centro Habana, no
se puede caminar por la calle debido al intenso tráfico, de todo tipo de
vehículos, por lo que no hay más opción que exponerse al peligro, y
arriesgar la vida al transitar cerca de estos edificios.
La solución de la oficina de Planificación Física del mismo municipio,
fue colocar unos carteles alertando: "Peligro Aleros" pero esto no
resuelve el problema, esperar que se derrumbe cualquier construcción es
condenar a las personas a morir bajo escombros. Los carteles de alerta
no son la solución.
Estas antiguas viviendas sin mantenimiento y con muy mal aspecto, hacen
parecer una ciudad en ruinas y al régimen cubano poco le importa esta
situación. Los salario tan bajos que tienen los trabajadores cubanos,
apenas les permiten sostener a sus familias y menos reparar sus moradas.
Será bien difícil recuperar y devolver a la Calzada de 10 de Octubre su
belleza y seguridad, mientras que el grupúsculo de dirigentes vive con
sus familias en lujosas mansiones y barrios residenciales.
Al pueblo solo le queda unirse y hacer más fuerte la idea de que es
necesario un cambio, exigir nuestros derechos y pedir que se haga
justicia. Cuba somos todos, los de aquí y los de fuera, merecemos algo
mejor que la existencia tan difícil que nos han obligado a tener por más
de 50 años.
Source: "Carteles no son la solución - Misceláneas de Cuba" -
http://www.miscelaneasdecuba.net/web/Article/Index/523c4de03a682e160c301bee
Nadie es propietario en Cuba hasta que demuestre lo contrario
Nadie es propietario en Cuba hasta que demuestre lo contrario
Jueves, Septiembre 19, 2013 | Por Alejandro Tur Valladares
CIENFUEGOS, Cuba, septiembre de 2013, Alejandro Tur Valladares/
www.cubanet.org.- Elia Rosa Díaz Cortina por mucho tiempo creyó que era
dueña de un pequeño terreno que adquirió legalmente, mediante una
operación de compra/venta, de manos de la Oficina de Vivienda Municipal.
Pero con el tiempo cambió de parecer.
Un litigio legal que sostiene desde hace varios años con una vecina le
hizo comprender, seis años después de haber adquirido la parcela, que
aquí la ley es peculiar: no se rige por conceptos universales, más bien
se amolda a las necesidades interpretativas de los tribunales que tienen
su propia tabla de medidas con la que establecen qué está bien y que
está mal.
Después de todo ese tiempo habitando el terruño, Díaz descubrió que en
su terreno se asienta un pozo séptico, o lo que es lo mismo, una fosa
contenedora de aguas albañales. Lo supo una mañana cuando la fetidez y
la humedad, a consecuencia del desborde invadieron sus predios. De
inmediato, comenzó una carrera contra el absurdo legal que impera en
nuestro país. Creyéndose con todas las de ganar, interpuso ante los
tribunales una demanda civil contra los habitantes del biplanta
colindante al que pertenece la fosa, un medio básico de Salud Pública,
ubicado en calle 12 N.E. # 8103 e/t 81 y 83, en el barrio Tulipán. El
reclamo exigía que se trasladase la fosa desde su patio al terreno del
biplanta.
Para su sorpresa, el dictamen del tribunal le fue desfavorable. Lo más
que logró fue una ordenanza que obliga a los usufructuarios del biplanta
a remodelar el hoyo.
"Si el hueco está en mi patio, yo soy la propietaria y lo quiero fuera
de mis dominios porque no se me concede el derecho", expresó Díaz.
Según su esposo, Ricardo Pérez Santiago, otros factores han tenido que
ver con el dictamen. Él considera que existen vínculos afectivos entre
la jefa de los tribunales y una de las demandadas.
El caso de esta familia no constituiría tema de interés periodístico a
no ser por un aspecto significativo. Lo que acontece con ellos es
reflejo de la falta de institucionalidad que padece Cuba, la pérdida de
derechos del ciudadano, la indefensión que debe soportar el individuo y
sobre todo, el pobre valor que los encargados de impartir justicia dan a
conceptos tan viejos y globales como el de Propiedad.
Como propietarios, al matrimonio Díaz-Pérez le asiste todo el derecho de
pedir y que se conceda la extracción de la fosa. Ellos pagaron el
terreno, lo hicieron de forma legal.
Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española,
Propietario es quien tiene el derecho de poseer algo y poder disponer de
ello dentro de los límites que establece la ley, especialmente bienes
inmuebles. Quien es propietario es dueño, lo que implica tener dominio o
señorío sobre alguien o algo y poder disponer de ello a su antojo.
Tan angustiado ha quedado el matrimonio por la arbitrariedad jurídica
que cada vez que referimos su condición de titulares responden: "¿Dueños
de qué?".
Source: "Nadie es propietario en Cuba hasta que demuestre lo contrario |
Cubanet" -
http://www.cubanet.org/noticias/breves-destacados/nadie-es-propietario-en-cuba-hasta-que-demuestre-lo-contrario/
Jueves, Septiembre 19, 2013 | Por Alejandro Tur Valladares
CIENFUEGOS, Cuba, septiembre de 2013, Alejandro Tur Valladares/
www.cubanet.org.- Elia Rosa Díaz Cortina por mucho tiempo creyó que era
dueña de un pequeño terreno que adquirió legalmente, mediante una
operación de compra/venta, de manos de la Oficina de Vivienda Municipal.
Pero con el tiempo cambió de parecer.
Un litigio legal que sostiene desde hace varios años con una vecina le
hizo comprender, seis años después de haber adquirido la parcela, que
aquí la ley es peculiar: no se rige por conceptos universales, más bien
se amolda a las necesidades interpretativas de los tribunales que tienen
su propia tabla de medidas con la que establecen qué está bien y que
está mal.
Después de todo ese tiempo habitando el terruño, Díaz descubrió que en
su terreno se asienta un pozo séptico, o lo que es lo mismo, una fosa
contenedora de aguas albañales. Lo supo una mañana cuando la fetidez y
la humedad, a consecuencia del desborde invadieron sus predios. De
inmediato, comenzó una carrera contra el absurdo legal que impera en
nuestro país. Creyéndose con todas las de ganar, interpuso ante los
tribunales una demanda civil contra los habitantes del biplanta
colindante al que pertenece la fosa, un medio básico de Salud Pública,
ubicado en calle 12 N.E. # 8103 e/t 81 y 83, en el barrio Tulipán. El
reclamo exigía que se trasladase la fosa desde su patio al terreno del
biplanta.
Para su sorpresa, el dictamen del tribunal le fue desfavorable. Lo más
que logró fue una ordenanza que obliga a los usufructuarios del biplanta
a remodelar el hoyo.
"Si el hueco está en mi patio, yo soy la propietaria y lo quiero fuera
de mis dominios porque no se me concede el derecho", expresó Díaz.
Según su esposo, Ricardo Pérez Santiago, otros factores han tenido que
ver con el dictamen. Él considera que existen vínculos afectivos entre
la jefa de los tribunales y una de las demandadas.
El caso de esta familia no constituiría tema de interés periodístico a
no ser por un aspecto significativo. Lo que acontece con ellos es
reflejo de la falta de institucionalidad que padece Cuba, la pérdida de
derechos del ciudadano, la indefensión que debe soportar el individuo y
sobre todo, el pobre valor que los encargados de impartir justicia dan a
conceptos tan viejos y globales como el de Propiedad.
Como propietarios, al matrimonio Díaz-Pérez le asiste todo el derecho de
pedir y que se conceda la extracción de la fosa. Ellos pagaron el
terreno, lo hicieron de forma legal.
Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española,
Propietario es quien tiene el derecho de poseer algo y poder disponer de
ello dentro de los límites que establece la ley, especialmente bienes
inmuebles. Quien es propietario es dueño, lo que implica tener dominio o
señorío sobre alguien o algo y poder disponer de ello a su antojo.
Tan angustiado ha quedado el matrimonio por la arbitrariedad jurídica
que cada vez que referimos su condición de titulares responden: "¿Dueños
de qué?".
Source: "Nadie es propietario en Cuba hasta que demuestre lo contrario |
Cubanet" -
http://www.cubanet.org/noticias/breves-destacados/nadie-es-propietario-en-cuba-hasta-que-demuestre-lo-contrario/
Friday, September 20, 2013
Acción vandálica contra vivienda de opositora
Acción vandálica contra vivienda de opositora
[20-09-2013]
Tania de la Torre Montesinos
Red Cubana de Comunicaodres Comunitarios.
(www.miscelaneasdecuba.net).- A Maricel Vázquez Escalona, de 26 años de
edad, y miembro de la Red Cubana de Comunicadores Comunitarios, vecina
de Luz Caballero # 204 e/ Mazo y Maceo, Manzanillo, Granma; el pasado
día 16 de septiembre, le apedrearon el techo de la vivienda, y pudo
apreciar que quien las lanzaba era un informante de la policía política,
de nombre Reynier González.
Maricel llamó a la autoridad y fueron conducidos el informante y ella
que era la afectada, a la sede de la Policía Nacional Revolucionaria,
sita en Avenida 1ro de Mayo. Allí no le hicieron caso a su declaración,
pues el informante planteó que ella era opositora y pertenecía a una Red
terrorista.
Sin embargo, este individuo además de colaborar con el régimen, tiene
negocios ilícitos, que son de conocimiento popular, y no fue ni multado
ni arrestado, lo pusieron inmediatamente en libertad.
En las provincias del interior del país puede suceder cualquier cosa.
Source: "Acción vandálica contra vivienda de opositora - Misceláneas de
Cuba" -
http://www.miscelaneasdecuba.net/web/Article/Index/523bfe883a682e160c301be4
[20-09-2013]
Tania de la Torre Montesinos
Red Cubana de Comunicaodres Comunitarios.
(www.miscelaneasdecuba.net).- A Maricel Vázquez Escalona, de 26 años de
edad, y miembro de la Red Cubana de Comunicadores Comunitarios, vecina
de Luz Caballero # 204 e/ Mazo y Maceo, Manzanillo, Granma; el pasado
día 16 de septiembre, le apedrearon el techo de la vivienda, y pudo
apreciar que quien las lanzaba era un informante de la policía política,
de nombre Reynier González.
Maricel llamó a la autoridad y fueron conducidos el informante y ella
que era la afectada, a la sede de la Policía Nacional Revolucionaria,
sita en Avenida 1ro de Mayo. Allí no le hicieron caso a su declaración,
pues el informante planteó que ella era opositora y pertenecía a una Red
terrorista.
Sin embargo, este individuo además de colaborar con el régimen, tiene
negocios ilícitos, que son de conocimiento popular, y no fue ni multado
ni arrestado, lo pusieron inmediatamente en libertad.
En las provincias del interior del país puede suceder cualquier cosa.
Source: "Acción vandálica contra vivienda de opositora - Misceláneas de
Cuba" -
http://www.miscelaneasdecuba.net/web/Article/Index/523bfe883a682e160c301be4
Thursday, September 19, 2013
Entre las ruinas de La Habana
Publicado el jueves, 09.19.13
Entre las ruinas de La Habana
MIRTA OJITO
Desde la pequeña pantalla de mi iPad contemplé mi ciudad y se me encogió
el corazón. Allí estaba mi barrio, Santos Suárez, o más bien lo que
queda de su antiguo esplendor. Allí estaba –creo– mi vieja escuela
secundaria en La Víbora. No puedo estar segura, pero creo que reconocí
las paredes de color mostaza y los elegantes arcos de sus cavernosos
pasillos. ¿Quién sabe? Muchos edificios de La Habana tienen buenos
huesos, paredes amarillas y toques elegantes.
Me preocupé por los edificios cuando vi hace poco la película Una Noche,
pero me angustié por la gente. A las ruinas estoy acostumbrada. Las
paredes dilapidadas y las fachadas destruidas se pueden reconstruir con
cemento y ladrillos. Pero hace falta mucho más que eso para reconstruir
–desde adentro– a generaciones de gente privada de sus derechos,
desconectada y sin rumbo.
Impresionada y enojada por la amoralidad y la agresividad de los
personajes del filme, busqué a la directora de Una Noche, Lucy Mulloy,
nacida en el Reino Unido, que da la casualidad que vive en Nueva York.
Nos reunimos para almorzar. Sopa de lentejas y ensalada de tabbouleh,
pero ninguna de nosotras disfrutó la comida o la vista de un apacible y
bello parque en el centro de la agitada Manhattan.
Le pregunté a Lucy si todo en su película era verdad, si esa era de
verdad la Cuba de hoy, si no queda decencia en la isla. Me miró con sus
grandes ojos castaños, con lo que ahora sé que fue compasión, y dijo que
todo era verdad: los lugares eran reales y las personas no eran actores
que representan lo que ella había visto en Cuba. Pero la película no
representa toda la verdad. Durante la década que vivió entrando y
saliendo de la isla, también conoció a jóvenes intachables que estudian
y trabajan, así como a vecinos bondadosos y parejas cariñosas y atentas.
"El filme es también sobre el amor, muchas manifestaciones del amor", me
escribió más tarde en una nota. Sí, pero lo que me dejó sin habla cuando
llegué al final no fue el amor –filial, maternal, romántico– sino ver
tantas personas sudorosas, egoístas, mal habladas y frustradas que beben
excesivamente y usan su sexualidad como una potente arma para beneficio
propio y deterioro de la sociedad.
Una Noche cuenta la historia ficticia de tres jóvenes que quieren irse
de Cuba en una balsa. Aunque termina mal, podría haber sido peor. Lucy,
que empezó a trabajar en su película cuando estudiaba en New York
University, dice que la inspiró una historia que escuchó en el Malecón
de La Habana sobre tres jóvenes que se fueron en una balsa. Solo dos
fueron devueltos a la costa por las caprichosas corrientes del Golfo de
México. La historia que escuchó era tan horrible que decidió hacerla más
aceptable. No doy más detalles porque arruinaría el final de la película
para los que no la han visto, y todo el mundo debería verla.
A pesar de la degradación social que el filme describe, hay momentos de
ternura y solidaridad: una madre le calienta la leche a su hijo, un niño
pequeño ofrece buscar un médico para que atienda a un adolescente
borracho, y un viejo curtido por los años ayuda a un aspirante a balsero
a inflar una balsa. Lucy capta eso porque, según dijo, quería reflejar
las complejidades de Cuba, las áreas grises. Pero también dijo que el
personaje de la ingenua niña de 13 años que rehuye la prostitución es
fruto de su imaginación.
"No conocí a nadie tan inocente", señaló.
Me pregunté si Raúl Castro vio la película cuando se proyectó en La
Habana el pasado diciembre, pocos meses antes de criticar a los cubanos
por ser tan groseros y amorales. Así es cómo The New York Times
describió la frustración de Castro en un artículo del 23 de julio: "En
un discurso a la Asamblea Nacional, el señor Castro dijo que la conducta
de los cubanos –orinar en la calle, criar cerdos en ciudades, recibir
sobornos– lo había llevado a concluir que, a pesar de cinco décadas de
educación universal, la isla había 'retrocedido en cultura y
civilidad'". El reportero cita el disgusto de Castro porque los cubanos
han perdido su "honestidad, su decencia, su sentido de la vergüenza, su
decoro, su honor y su sensibilidad hacia los problemas de los demás".
Lo que el artículo no dice es que esos valores se han perdido no "a
pesar de cinco décadas de educación universal", sino a causa de ella.
Después de todo, ¿quién estaba educando en Cuba? ¿Quién ha estado a
cargo por más de cinco décadas? En los años 70, el único momento en la
historia de Cuba en que la isla estuvo de verdad aislada, tratar de
usted a las personas mayores en vez de tú, se consideraba burgués.
Mis maestras de quinto grado se reían de mi madre porque insistía en
llamarlas señoritas en vez de compañeras. Cuando iba caminando a la
secundaria, a veces algunos niños me tiraban piedras a los pies porque
era "demasiado blanca", aunque nunca pude entender qué significaba eso.
¿Y quién puede olvidar los actos de repudio durante los meses del Mariel?
Muchos años han pasado desde entonces, y recuerdos más dulces han
reemplazado a los incidentes amargos de mi infancia, pero el filme de
Lucy me hizo recordar la envidia, los chivatos del barrio, los temores,
porque las semillas de toda la fealdad de la que Castro se queja ahora
se plantaron hace mucho tiempo, quizá cuando se enseñó a los niños de mi
generación a cambiar la lealtad y el respeto a nuestros padres por un
estúpido lema: "Fidel es mi papá y Cuba es mi mamá".
Fidel resultó ser un padre cruel y negligente. Y Cuba –¡ay, Cuba!– una
madre muy débil e indefensa.
mao35@columbia.edu
Source: "MIRTA OJITO: Entre las ruinas de La Habana - Opinión -
ElNuevoHerald.com" -
http://www.elnuevoherald.com/2013/09/19/v-fullstory/1570365/mirta-ojito-entre-las-ruinas-de.html
Entre las ruinas de La Habana
MIRTA OJITO
Desde la pequeña pantalla de mi iPad contemplé mi ciudad y se me encogió
el corazón. Allí estaba mi barrio, Santos Suárez, o más bien lo que
queda de su antiguo esplendor. Allí estaba –creo– mi vieja escuela
secundaria en La Víbora. No puedo estar segura, pero creo que reconocí
las paredes de color mostaza y los elegantes arcos de sus cavernosos
pasillos. ¿Quién sabe? Muchos edificios de La Habana tienen buenos
huesos, paredes amarillas y toques elegantes.
Me preocupé por los edificios cuando vi hace poco la película Una Noche,
pero me angustié por la gente. A las ruinas estoy acostumbrada. Las
paredes dilapidadas y las fachadas destruidas se pueden reconstruir con
cemento y ladrillos. Pero hace falta mucho más que eso para reconstruir
–desde adentro– a generaciones de gente privada de sus derechos,
desconectada y sin rumbo.
Impresionada y enojada por la amoralidad y la agresividad de los
personajes del filme, busqué a la directora de Una Noche, Lucy Mulloy,
nacida en el Reino Unido, que da la casualidad que vive en Nueva York.
Nos reunimos para almorzar. Sopa de lentejas y ensalada de tabbouleh,
pero ninguna de nosotras disfrutó la comida o la vista de un apacible y
bello parque en el centro de la agitada Manhattan.
Le pregunté a Lucy si todo en su película era verdad, si esa era de
verdad la Cuba de hoy, si no queda decencia en la isla. Me miró con sus
grandes ojos castaños, con lo que ahora sé que fue compasión, y dijo que
todo era verdad: los lugares eran reales y las personas no eran actores
que representan lo que ella había visto en Cuba. Pero la película no
representa toda la verdad. Durante la década que vivió entrando y
saliendo de la isla, también conoció a jóvenes intachables que estudian
y trabajan, así como a vecinos bondadosos y parejas cariñosas y atentas.
"El filme es también sobre el amor, muchas manifestaciones del amor", me
escribió más tarde en una nota. Sí, pero lo que me dejó sin habla cuando
llegué al final no fue el amor –filial, maternal, romántico– sino ver
tantas personas sudorosas, egoístas, mal habladas y frustradas que beben
excesivamente y usan su sexualidad como una potente arma para beneficio
propio y deterioro de la sociedad.
Una Noche cuenta la historia ficticia de tres jóvenes que quieren irse
de Cuba en una balsa. Aunque termina mal, podría haber sido peor. Lucy,
que empezó a trabajar en su película cuando estudiaba en New York
University, dice que la inspiró una historia que escuchó en el Malecón
de La Habana sobre tres jóvenes que se fueron en una balsa. Solo dos
fueron devueltos a la costa por las caprichosas corrientes del Golfo de
México. La historia que escuchó era tan horrible que decidió hacerla más
aceptable. No doy más detalles porque arruinaría el final de la película
para los que no la han visto, y todo el mundo debería verla.
A pesar de la degradación social que el filme describe, hay momentos de
ternura y solidaridad: una madre le calienta la leche a su hijo, un niño
pequeño ofrece buscar un médico para que atienda a un adolescente
borracho, y un viejo curtido por los años ayuda a un aspirante a balsero
a inflar una balsa. Lucy capta eso porque, según dijo, quería reflejar
las complejidades de Cuba, las áreas grises. Pero también dijo que el
personaje de la ingenua niña de 13 años que rehuye la prostitución es
fruto de su imaginación.
"No conocí a nadie tan inocente", señaló.
Me pregunté si Raúl Castro vio la película cuando se proyectó en La
Habana el pasado diciembre, pocos meses antes de criticar a los cubanos
por ser tan groseros y amorales. Así es cómo The New York Times
describió la frustración de Castro en un artículo del 23 de julio: "En
un discurso a la Asamblea Nacional, el señor Castro dijo que la conducta
de los cubanos –orinar en la calle, criar cerdos en ciudades, recibir
sobornos– lo había llevado a concluir que, a pesar de cinco décadas de
educación universal, la isla había 'retrocedido en cultura y
civilidad'". El reportero cita el disgusto de Castro porque los cubanos
han perdido su "honestidad, su decencia, su sentido de la vergüenza, su
decoro, su honor y su sensibilidad hacia los problemas de los demás".
Lo que el artículo no dice es que esos valores se han perdido no "a
pesar de cinco décadas de educación universal", sino a causa de ella.
Después de todo, ¿quién estaba educando en Cuba? ¿Quién ha estado a
cargo por más de cinco décadas? En los años 70, el único momento en la
historia de Cuba en que la isla estuvo de verdad aislada, tratar de
usted a las personas mayores en vez de tú, se consideraba burgués.
Mis maestras de quinto grado se reían de mi madre porque insistía en
llamarlas señoritas en vez de compañeras. Cuando iba caminando a la
secundaria, a veces algunos niños me tiraban piedras a los pies porque
era "demasiado blanca", aunque nunca pude entender qué significaba eso.
¿Y quién puede olvidar los actos de repudio durante los meses del Mariel?
Muchos años han pasado desde entonces, y recuerdos más dulces han
reemplazado a los incidentes amargos de mi infancia, pero el filme de
Lucy me hizo recordar la envidia, los chivatos del barrio, los temores,
porque las semillas de toda la fealdad de la que Castro se queja ahora
se plantaron hace mucho tiempo, quizá cuando se enseñó a los niños de mi
generación a cambiar la lealtad y el respeto a nuestros padres por un
estúpido lema: "Fidel es mi papá y Cuba es mi mamá".
Fidel resultó ser un padre cruel y negligente. Y Cuba –¡ay, Cuba!– una
madre muy débil e indefensa.
mao35@columbia.edu
Source: "MIRTA OJITO: Entre las ruinas de La Habana - Opinión -
ElNuevoHerald.com" -
http://www.elnuevoherald.com/2013/09/19/v-fullstory/1570365/mirta-ojito-entre-las-ruinas-de.html
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